Sábado 27 de diciembre, de nueve de la noche a una de la mañana, y desde que se cruzaba la puerta de Shibuya Station se sentía que la noche traía algo distinto. El restaurante recibía con las mesas listas para comer, ese primer espacio que siempre invita a bajar el ritmo, saludar, ponerse al día. Más adelante, la pantalla principal dominaba el lugar: al inicio Pokémon Unite marcaba el arranque, pero no tardó en pasar lo que siempre pasa cuando la vibra lo pide y Smash tomó el control, reuniendo miradas, controles y comentarios alrededor. A los costados, las mesas se llenaban de piezas, cartas y tableros donde los juegos de mesa empezaban a crear sus propios universos, y al fondo, el área de Just Dance esperaba su momento, como un motor listo para cambiar la atmósfera cuando fuera necesario.
Éramos alrededor de veinticinco gaymers, entre caras conocidas que hacía tiempo no veíamos y personas nuevas que llegaban con esa mezcla de curiosidad y nervio. La noche arrancó presentándonos y explicando cómo estaba programada la Gaymer Night, pero el ambiente familiar se impuso rápido. Hubo reencuentros, abrazos, incluso regalitos de Navidad que aparecían de sorpresa y hacían sonreír a más de uno. Para quienes venían por primera vez, la actitud abierta y las actividades propuestas hicieron lo suyo, y hablar de AimeP3 terminó siendo la chispa que permitió que David rompiera el hielo de verdad con el grupo, abriendo la conversación y soltando risas que ya no se detendrían.
Las horas avanzaron entre partidas de Smash, juegos de mesa y cambios constantes de energía. Uno de los momentos más memorables llegó cuando un gaymer compartió juegos de mesa que no conocíamos: armar una carnita asada sin que se viniera abajo o trazar caminos de vías sin que chocaran ni se empalmáran. Cada torre que se derrumbaba provocaba carcajadas, gritos de emoción y bromas que se quedaban flotando en el aire. Mientras tanto, las canciones de Just Dance 2026 transformaban el ambiente una y otra vez, pasando de la charla relajada a la euforia con solo cambiar de pista.
Cuando el torneo de Smash tomó forma, el lugar se llenó de porras, aplausos y sonidos de sorpresa. Cada combate se vivía como si fuera el decisivo, hasta que al final Danny se llevó la victoria y celebró su triunfo con un termo cortesía de Tributo 95. La foto grupal marcó ese instante inevitable en el que empezamos a caer en cuenta de que la noche estaba por terminar. La nostalgia de saber que era la última Gaymer Night del 2025 nos hizo acelerar el paso, meter turbo a la diversión y exprimir los últimos minutos.
Así cerró la última reunión del año, confortable y divertida, con la sensación de que más allá de los videojuegos, lo que se construyó fue un espacio genuino de convivencia al que siempre dan ganas de volver.

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