El pasado domingo 14 de diciembre, poco antes de que el reloj marcara las siete de la noche, el Valeries comenzó a transformarse en algo más que un salón de eventos. Su diseño vintage, la duela de madera y el gran espejo que cubría casi dos terceras partes del espacio hacían que todo se sintiera más amplio, más vivo, como si el lugar estuviera listo para recibir lo que venía. El clima controlado invitaba a quedarse y, al fondo, la cocina ya trabajaba a buen ritmo preparando boneless con papas y ramen, aromas que pronto se mezclarían con risas, música y voces conocidas. Para nosotros, Agni, Memo, Mike y yo, fue llegar un poco antes para montar proyectores, consolas, bocinas y micrófonos, afinando detalles para que todo fluyera; además, era especial porque esta era la tercera posada de Gaymer Nights y apenas la segunda en la que yo, Cocas, participaba activamente desde dentro.
La distribución del lugar fue pensada como un recorrido que marcaba el ritmo de la noche desde el primer paso. Al entrar, la primera estación recibía a cada asistente con un detalle por estar ahí: la posibilidad de elegir un vaso entre muchos diseños creados por Ropa Geek, piezas que de inmediato se volvieron parte de la identidad de la noche. Ahí mismo también se lucían las playeras alusivas a la posada de este año 2025, con un diseño en pixeles que reunía personajes de videojuegos formando una corona navideña, un guiño perfecto entre lo geek y lo festivo. Justo después, Tributo 95, patrocinador que siempre está presente, instaló su mesa con mercancía variada y bien surtida, opciones para todo gaymer, precios accesibles y promociones que más de uno aprovechó antes de que avanzara la noche.
Desde esa primera estación, yo mismo o algún otro miembro del Staff de Gaymer Nights guiábamos a los asistentes hacia el fondo del Valeries, atravesando la zona media del salón donde dos mesas quedaban disponibles toda la noche para actividades libres. Ahí, sin horarios ni presión, se podía colorear dibujos de Pokémon con motivos navideños o esferas propias de la temporada, convirtiéndose en un punto constante de convivencia, charla y risas tranquilas entre actividad y actividad. Más adelante, el espacio se abría hacia la zona de juego, donde Smash se proyectaba en grande sobre la pared blanca; los combates se veían enormes, llenando el salón de gritos, porras y reacciones colectivas que se sentían en el cuerpo. Finalmente, la cuarta estación cerraba el recorrido inicial: en los vasos que habían elegido al entrar, servíamos una bebida típica de la Navidad, una forma cálida y simbólica de dar inicio al evento con buen sabor de boca.
Conforme avanzaban las horas, el lugar terminó de cobrar vida. Los asistentes —nuestros gaymers— llenaron cada rincón con esa energía que se ha construido a lo largo del año, personas que han estado presentes en eventos artísticos, actividades de esparcimiento al aire libre, encuentros en espacios institucionales de gobierno y también en dinámicas virtuales, lives y streams desde los canales y redes oficiales de Gaymer Nights. Sea cual sea el formato, siempre se hacen presentes. Entre bebidas, dinámicas de posada y la decoración navideña que ya nos envolvía desde el inicio, el ambiente se sentía relajado, festivo y con esa nostalgia suave que acompaña estas fechas sin apagar la fiesta.
Los videojuegos marcaron el pulso de la noche. Smash reunió miradas y emociones frente a los proyectores, mientras Just Dance tomó la duela con coreografías bien conocidas, tanto de la versión más reciente como de entregas pasadas, ejecutadas con entusiasmo y memoria colectiva. No importaba demostrar quién sabía más o quién jugaba mejor; aquí eso nunca fue el objetivo. Ser gaymer era la excusa perfecta para gritar, divertirse, echar porras e integrar a quienes llegan con timidez pero con ganas genuinas de pertenecer. El Karaogeek apareció después, sumando voces, canciones compartidas y un ambiente cada vez más suelto.
Aza y yo fuimos llevando las dinámicas entre cada bloque, con preguntas sobre anime, Smash y cultura geek que mantenían el ánimo arriba. Incluso cuando surgieron fallas técnicas con el audio, reaccionamos rápido y entramos con la dinámica del globo bomba, logrando que la energía no bajara ni un segundo. Uno de los momentos más significativos llegó con la votación para los premios a Gaymer del año 2025. No fue uno ni dos, sino tres ganadores: Chespin, Gera y Lucho, en ese orden. Verlos felices y orgullosos, disfrutando ese reconocimiento, se reflejó en cómo el resto de la noche no se quitaron su banda de ganadores, contagiando ese ánimo a todos alrededor.
La velada continuó con la entrega de premios del torneo de Smash y la rifa para quienes se quedaron hasta el final, como si nadie quisiera que terminara. Antes de despedirnos, una foto emotiva cerró el encuentro. Fue una posada que, para nosotros como gaymers regios, reafirmó la complicidad, el cariño y las ganas compartidas de que sigan existiendo espacios donde los gays podamos divertirnos, convivir y celebrar juntos, con videojuegos, risas y comunidad, especialmente en estas fechas tan emotivas.

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